Bogotá es como un adolescente

Bogotá es como un adolescente

La imagen que tiene un país o una ciudad en el extranjero casi nunca coincide con la realidad. El bajo rango que ocupa Colombia en las listas anuales de reputaciones de países tiene que ver con su imagen que, en gran parte, todavia es bastante negativa. Eso cuenta también para Bogotá. Parece que las imagenes de ella que se proyectan no contienen ninguno de los aspectos positivos que también tiene para mostrar.

Siempre hay un punto intermedio: la imagen que se tiene de un país puede hacer parte de la realidad, pero no es toda la realidad. Y la realidad tampoco es demasiado positiva ni demasiado negativa.

Afán de corregir la imagen
En el afán de corregir la imagen de Colombia, tampoco se puede ir al extremo de ocultar las dificultades y actuar como si no existieran, o intentar parecerse a algo que ya existe para demostrar que es un buen país o que Bogotá es una buena ciudad. He aquí algunos ejemplos:

– Hay guías de Bogotá que solamente anuncian las tiendas de lujo, los bares y discotecas más caros, los edificios más altos y modernos ¿Esa es la Bogotá de verdad?

– En otra de esas guías turísticas se refieren a la seguridad en la capital diciendo: “En los últimos años Bogotá ha experimentado positivos cambios que le han permitido convertirse en una urbe moderna, ordenada, y sobre todo, segura. Atrás han quedado los tiempos en que resultaba peligroso visitarla” (…) “Como en todas las grandes ciudades, hay lugares que pueden ser peligrosos” ¿Entonces se puede comparar el nivel de seguridad de aquí con el de Londres o París?

– La misma guía indica a los lectores cómo tomar un taxi: “Si va a tomar un taxi, prefiera los de color amarillo. Llevan el letrero de ‘taxi’ y poseen un taxímetro”. No aparece ningún aviso sobre los riesgos de parar un taxi en la calle en vez de llamarlo, no dice nada sobre paseos millionarios, taxímetros alterados, placas con tarifas manipuladas, taxistas que cobran más de lo que deberían, (algo que, personalmente, me pasa nueve de cada diez veces).

– En 1898 nombraron a Bogotá como “La Atenas Suramericana” ¿En qué se parece Bogotá a Atenas?

– Más recientemente, en el barrio La Macarena hay pendones con el lema “Macarena, Soho”. Como si La Macarena, ese barrio de unas pocas cuadras, fuera igual al Soho de Londres con su cultura internacional, sus clubes de música en vivo, sus centros de diversión, su barrio rojo, y sus viviendas que albergan a gente humilde y a gente rica. O como el SoHo (South of Houston Street) de Nueva York, destino turístico y lugar de artistas.

– Y parece que ya no existe El Cartucho. Los medios y la gente ahora hablan sobre El Bronx. Incluso un barrio con tantas problemáticas sociales merece una comparación con un barrio en el extranjero.

Bogotá es Bogotá
Durante los últimos años, Colombia se ha desarrollado bastante: la economía está creciendo, la seguridad mejora, hay un proceso de paz en curso, la riqueza aumenta (¿pero tambien la desigualdad?). Y, con razón, Bogotá quiere atraer inversiones, empresas y turistas. Por eso hay que invertir en su marca “Bogotá”, mejorar la imagen de la ciudad y del país. Pero hay que prevenir que la ciudad olvide su verdadera realidad, aquellas cosas únicas que tiene para ofrecer. No hace falta subestimarse, pero tampoco querer parecerse a Londres, Atenas, o Nueva York. Bogotá es Bogotá.

Hay que prevenir que la ciudad olvide su verdadera realidad.

Una marca fuerte
Para construir una marca fuerte:

– Primero hay que intentar “tener la tienda en orden”, como decimos en Holanda, antes de atraer clientes. Hay que trabajar en la realidad, no en la imagen, para que no haya incongruencia entre ellas. Eso es más importante que inventar un eslogan: tener una ciudad o un país limpios, agradables, y seguros. Que los habitantes puedan sentirse orgullosos de su país y se conviertan en embajadores.

– Hay que ser consistente a largo plazo. Cambiar una imagen cuesta mucho tiempo. Incluso yo estoy confundido con tantos eslogans que he visto en tan poco tiempo: “La respuesta es Colombia”; “Colombia, realismo mágico”; o últimamente, “Para todo lo que quieres vivir, la respuesta es Colombia”; “Colombia es pasión”; “El riesgo es que te quieras quedar”. “Colombia: The Heart of Opportunities”. Si se quiere usar un eslogan, hay que usarlo por mucho tiempo, durante años. Si se cambia muy a menudo o se usan varios a la vez, es prácticamente imposible que la memoria de la gente retenga todo lo que se le quiere decir.

– Hay que buscar un sello único, intentar no compararse con otras ciudades o países, ni mostrar sólo lo más moderno u opulente. Cada ciudad tiene sus rascacielos, tiendas de lujo y clubes nocturnos, eso no es nada especial. Pero solamente Bogotá tiene La Macarena o La Candelaria. Hay muchos barrios con arquitectura preciosa e historia propia, pero tienen edificios descuidados o abandonados: la Carrera Séptima, el barrio Santa Teresita, algunas partes de La Candelaria, o Chapinero. Incluso barrios populares como el Restrepo o el Policarpa. Todos ofrecen un sello único para Bogotá, pero hay que cuidarlos y limpiarlos primero.

– Ser único también cuenta a la hora de inventar un eslogan: Se puede decir fácilmente “Bolivia is pasión” o “Perú es pasión”. No es nada único. Quizá también “La respuesta es Paraguay”, o “Guatemala, realismo mágico´. El reto es buscar un sello único en la comunicación promocional, en el eslogan y en la fotografía.

El reto es buscar un sello único en la comunicación promocional.

Entonces, hay que trabajar en la realidad, tener paciencia, ser positivo, consistente y único para vender la imagen de un país o de una ciudad y usar todo esto en las campañas promocionales y en fotografías que muestren la realidad. Hay mucho para mostrar. Bogotá es Bogotá, Colombia es Colombia. Y son únicas.

Bogotá es como un adolescente
En el marketing se suele discribir una marca como si fuera una persona.

Para mi Bogotá es como un adolescente de unos 14 o 15 años: todavia va a crecer más, pero ya se siente muy grande y adulto, se compara con sus hermanos y hermanas mayores e intenta parecerse a ellos. Es un poquito rebelde, torpe, todavía no valora ni entiende muy bien su origen, pretende parecer más robusto, adulto, independiente y atractivo de lo que es. Porque se encuentra en una fase de su vida en la que todavía es muy sensible a las opiniones de los demás.

Como cualquier chico de su edad, aún no se siente demasiado cómodo con su aspecto físico. Necesita tiempo para desarrollarse más hasta encontrar quién es. Eso en la vida de los humanos simplemente cuesta tiempo. Pese a eso, ya ha cambiado de voz y grita un poco más fuerte. Porque tiene muchas ganas de ser adulto, de que lo tomen en serio y de empezar a conseguir sus sueños en la vida. Porque sueños si tiene, y muchos.

Ahora le toca valorarse más, ganarse más el respeto del mundo.

“Bogotá sigue siendo aquel adolescente, no es pequeño, pero tampoco es adulto todavía. Y no pasa nada con que sea así. Por dentro lleva un corazón tan bonito, como el de cualquier chico de su edad con sueños. Ahora le toca valorarse más, ganarse más el respeto del mundo y tener paciencia para seguir creciendo. Paciencia para descubrir quién es y qué es lo que lo hace único, lo que nadie mas que él puede ofrecer en la vida. Ahora y cuando sea grande.”

(Este artículo es el resumen de mi charla durante el lanzamiento del libro Postales de Bogotá, 15 de mayo 2013).

There is 1 comment

  1. Andrés Bernal Guarín

    Increíble texto, leerlo después de asistir a tu conferencia en la presentación del libro ‘Postales de Bogotá’ me hace volver a pensar sobre la ciudad en la que vivimos. La comparación que haces con un adolescente me parece muy oportuna, pues siento que hay una conexión muy fuerte con el constante interés que tiene una ciudad como Bogotá en ser una ciudad desarrollada, pero en esa búsqueda intenta parecerse o incluso copiar la identidad de otros lugares, sin valorar sus infinitas oportunidades.

    Fue un gusto conocerte Fetze, estaré pendiente de tu trabajo y te agradezco por haber visitado mi trabajo. Entré a la página que me enviaste del proyecto en Barcelona y me pareció genial, gracias.

    Te mando un saludo,

    Andrés Bernal Guarín.


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